sábado, 9 de octubre de 2021

¿Quién me enseña a vivir?

 Os presento mi último libro "¿Quién me enseña a vivir? Un libro fácil de leer, para que sirva de GPS vital, incluso en los malos momentos. En él veremos, lo caro que es ser infeliz, cómo acercarnos a la felicidad. Cómo la vida es un collage. La importancia de prepararnos para la jubilación y respetar a nuestros jubilados, cómo encajar y hacer críticas. Qué hacer cuando la vida pega duro (una enfermedad, la muerte, u otros batacazos) y finalmente del amor y las relaciones.


Os tocará con cariño por dentro






martes, 24 de agosto de 2021

NO TODOS LOS JÓVENES SON IGUALES


 


Tenemos una juventud que merece mucho la pena, son oro. Y no, no todos los jóvenes son de botellón, borrachera y postureo. Y para muestra, en estos días hemos visto:

 

Durante la reciente vacunación los hemos visto ir a vacunarse, esperar colas de dos horas, con calor sofocante, y estar sin rechistar, con una actitud modélica que algún adulto podría copiar.

 

Estas olimpiadas nos han mostrado adolescentes de 17 y 18 años, que han ganado medallas fruto de esfuerzo y sacrificio durante muchos años y que, además, son cumplidores con sus estudios, y según sus padres, hijos modélicos.

Y otros que no han conseguido medalla también son personas entregadas y comprometidas.

 

 No sólo en el deporte los encontramos. En la música por ejemplo tenemos jóvenes que sacrifican su tiempo dedicando numerosas horas a su ilusión, incluso en verano y a costa de su tiempo de ocio.

 

Yo, como docente y como padre, veo que la mayoría son jóvenes educados, comprometidos, responsable con sus estudios, y preocupados por su familia y la sociedad. Respetuosos, sí comportándose como adolescentes en muchas ocasiones, faltaría más. Son personas, no robots.

 

Lo que pasa es que este grupo mayoritario, no hace ruido, no se bebe ni se fuma, y pasa desapercibido.

Es como si juzgásemos a la sociedad, por los tríos lalala que salen en los programas de la farándula, ¿a qué no todos somos así de frívolos? 

 

Son un lujo para la sociedad. Así que ¡no demonicemos a nuestros jóvenes! ¡Qué todos no son iguales!